martes, 24 de enero de 2012

Al final todo cabe en un bolsillo.


El portazo retumbó en toda la casa. Como si se hubieran roto un millón de cristales. Como si el mundo entero se hubiera venido abajo. Ella no creía que fuera a volver o tal vez no se creía merecedora de su regreso. Todo aquello seguiría en la sombra para siempre, dormitando hasta el día en que los viejos fantasmas deciden interrumpir la calma de los que juegan a vivir. Todos sus problemas, los reales y los que ambos habían inventado, alimentándolos hasta hacerlos poderosos. Así que, cuando volvió el silencio, cuando el ruido no fue más que un recuerdo, lentamente se vistió y cogió sus cosas. Hizo el equipaje por última vez, la maleta donde se guardan los trastos que nunca se vuelven a sacar ni a colgar en ningún armario. Cogió un papel y escribió una carta llena de culpa y de autocompasión. Una carta de sueños rotos y de amores que queman el alma. Una carta de arrepentimiento, por saberse en el camino equivocado y no tener el coraje de cambiarlo. Dobló el papel muchas veces y lo guardó en un bolso de un pantalón de quien había sido su mejor compañero, su mayor ilusión. Y se marchó. Abandonó aquella casa, y como tenía tanto miedo y tanta pena, no pudo más que correr. Corrió muy deprisa, corrió hasta que le dolió todo el cuerpo y el suficiente tiempo como para que regresar se le antojara imposible… y con respecto a la carta…quizá él nunca la leyese. Tal vez se haría trizas en la lavadora o la descubriese demasiado tarde. Aunque incluso ahora, es tarde también. Al final todo cabe en un bolsillo.

martes, 29 de junio de 2010

Femme Fatale.


Ella, sí, ella.
¿Y quién es?
¿Cómo se ha atrevido?
Decrépita o sublime. O las dos cosas a la vez, pero nunca en el medio.
Tan contrariada... sus pensamientos tan volátiles como los de cualquier otro. Pero al caminar... al caminar cambia todo. Afronta cada paso como tratando de seguir el ritmo al que late el mundo. Con pasión, sin contoneo, pero con pasión.
El deseo lo cubre todo. ¿Sólo sexo o sexo con amor? Podría ser fugaz pero prefiere jugar a ser eterna cuando quiere ocupar el corazón de algún loco bohemio. Entonces, aunque se niegue a seducir, utiliza su cuerpo para que diga justo lo que ella quiere: sus ojos, sus hombros, sus manos. Domina los gestos, improvisa y crea un ángulo perfecto con su cara y su cuello. Matemáticas del placer de los sentidos. Matemáticas de la belleza.
Pero a veces se cansa y su cuerpo le estorba. No es posible divertirse toda la vida con un mismo juguete y el espejo puede ser en momentos muy cruel.
Se prepara veneno humeante en una taza y recuerda su vida en aquel cabaret, donde algún que otro amargado, después de remojar sus penas en alcohol, pretendía secarlas introduciéndole un billete en el canalillo.
Había perdido la fe en los hombres, en la humanidad, en la música, en el baile. Hasta aquel día en que el individuo trajeado de la mesa cuarta le demostró que mejor propina que un billete podía serlo una flor y creer en su talento.
A nadie le importaba esto, ¿Verdad? Ni lo que tenía en su corazón ni lo que le esperaba en casa. La gente parecía interesarse más por el número de hombres a los que puede conquistar una mujer si se empeña. Tonterías...
Desde el escenario uno puede aprender muchas cosas, aunque esté carcomido. Y la poesía se le daba bien. Y quedarse sin comer y sin cenar. Y destrozarse la vida... Pero después de unos cuantos amaneceres con sus lunas de plata, se mudaba la piel y salía a reconciliarse con el mundo. A buscar miradas y nuevas especulaciones. Entonces, se portaba mal. Deseaba herir un par de corazones o tres para resarcirse de tanto sufrimiento y no paraba hasta conseguirlo.
Una auténtica Femme Fatale. Todas las mujeres en una.
Vestía de negro. Se encendía un cigarrillo sólo por pasearlo entre sus dedos y por conferirle a sus manos un toque agresivo. Pero ni una calada... no daba ni una sóla calada. Luego la contradicción: cuando dejaba que algún hombre la desnudara, cruzaba los dedos tras su espalda rogando ternura (por lo menos que me bese el cuello).
En realidad, era un maldito ángel. Pero esto te lo cuento yo en secreto porque la gente sólo veía fuego al pasar a su lado. A una embustera. A una actriz de culebrón.
Tendrá ya 50 y ni una arruga le surca la mejilla ni su frente altiva.
Tiene un pacto con el diablo.
Y el hombre del cabaret, el del traje, aún le envía flores.

lunes, 17 de mayo de 2010

Ingrávida.



Tienen razón los que dicen que los ojos brillan de manera especial cuando uno está enamorado.
Pero no son sólo los ojos. La sonrisa luce más abierta, más sincera. La persona se mueve grácil, como ingrávida. Todo se transforma y ocurre así por un motivo bien simple:
Suele pasar, cuando uno está enamorado y dicho amor es supuestamente correspondido, que la vida se vuelve magia. De repente parece que todo en ella es posible, somos héroes de nuestro propio destino. Es fácil. Cualquier meta resulta alcanzable, no hay preocupaciones porque de repente nada se pone por delante. Los obstáculos del camino se tornan mero decorado. Atrezzo para nada enemigo.
La vida es coser y cantar cuando encuentras a esa persona a quien dárselo todo.
Y ahora, en este instante de extraña transición, observo a esos individuos que me son tan ajenos, inmersos en la arriesgada búsqueda de su mitad… y lo hago con bastante escepticismo y aún con más pereza.
El arte de la conquista, que ignoro de la forma más rotunda, me aborrece.
Pienso que debería ser de otra manera.
Algo tan sencillo como encontrarse casualmente, conocerse poco a poco e ir forjando un proyecto tan sólido que durara todas las vidas que nos echasen encima. (¿Idealismo?)
Pero sé que eso poco tiene que ver con la realidad.
La realidad nos lleva a poner muecas raras, a utilizar una voz de pito de lo más desagradable, nos vuelve ruidosos, ridículos y un poco estúpidos. Nos hace perder el control y en determinadas ocasiones, también la dignidad.
Hace ya cuatro años que una amiga me lo dijo y, aún así, no he logrado quitarme de encima esa frase, como tantas otras:
“Leona… lo que tú esperas es que el hombre ideal venga a buscarte directamente a la puerta de casa. Y vale, está bien eso de que el amor no se busca, sino que se encuentra. Pero para poder encontrarlo, tienes que moverte. Tienes que conocer.”
Jejejeje. Tenías toda la razón. Y aún así, las mejores historias han surgido cuando menos lo esperaba.
Dudo mucho que haya dejado de creer en las relaciones. El amor, como sentimiento, me lo llevo conmigo a todas partes, eso lo sé bien. Es sólo que, cuando encuentras ese alma perdida dispuesta a dejar que la salves, las cosas se complican, y lo lógico sería lo contrario.
No me gusta entender el amor como una lucha encarnizada: “Tienes que ser para mí y para nadie más”. “Tengo que conseguir que estés conmigo a toda costa”…
Debería ser más fluido… y más para siempre.
Parece que cada año la vida me va llevando a contemplar las cosas desde una perspectiva distinta. Y no tengo ni la menor idea de cuál fue la mejor. Bueno, miento. Esta respuesta sí me la sé:
Hubo una vez un alma que quise rescatar de entre las cenizas… sólo que, por algún extraño antojo o capricho, me desperté, en una preciosa cama, una cálida mañana de verano, completamente desorientada.
El pequeño almanaque de la mesilla que tenía a mi izquierda anunciaba que era 29 de julio.
Qué día…
Qué curioso día…
Mi cumpleaños.
Un pequeño papel doblado entre mis dedos.
Unas palabras escritas con caligrafía temblorosa: “Te he confiado mi alma a ti. Me pareció que tú aún la necesitabas más.”
Unas iniciales ponían punto y final a esa enigmática nota que lo cambió todo.
Y aquí viene la respuesta que conozco. De todas las perspectivas probadas con las que asomarme a la vida, la que me vino dada con ese alma nueva, sí fue la mejor.
Tu regalo acabó salvándome a mí, hombre misterioso. Tengo una deuda perpetua contigo.
El amor es, por tanto, una especie de renacimiento, de resurrección personal que, bien llevada, saca lo mejor de nuestra esencia.
Si algún libro recogiese “La Teoría de la Belleza” de manera universal, estoy convencida, completamente, de que hablaría sobre él. Lo describiría en todas sus múltiples facetas, sacando mil visiones de una única instantánea.
Pero no es posible. Incluso a aquellos que nos gusta contemplar historias henchidas de romanticismo, somos conscientes de que lo que hace única esta emoción es su espíritu volátil. No poder clasificarla, aunque Punset nos repita hasta la saciedad el peso que tienen en ella ciertas conexiones neuronales.
Y hablando de conexiones. Claro que estamos conectados.
No sé en qué momento justo sucede. Algunos dicen que al hacer el amor… es posible. Pero hay algo que te une de por vida a esa persona, por muy lejos que esté.
Lo que acabo de decir puede ser un consuelo o un martirio, como la esperanza: a veces cruel, otras agradecida. Pero algo siempre cambia.
El destino se sirve del azar, aunque parezca una absoluta contradicción.
Sé que no saldremos ilesos de esto. Tanto mejor. Al fin y al cabo, de lo que se trataba era de darle un giro necesario a los acontecimientos.
Nada volverá a ser como antes. Tanto mejor. El tiempo nos fue limitando.
Si lo piensas, incluso empezar de cero es excitante. Sobre todo porque de cero no se empieza. Conoces el terreno y por extensión, los recursos que te permitirán sacarle el mejor partido.
No soy positiva, ni optimista, ni ilusa, ni inconsciente.
Simplemente es lo mejor que se me ocurre escribir.
Si fuera positiva, optimista, ilusa o inconsciente, hablaría de todos esos lugares a los que tengo pendiente llevarte. De todas esas caricias nuevas que he inventando para ti. Del cuento que me gustaría, no escribirte, sino escribir contigo.
Pero no.
No es la táctica. Nunca he querido ganarme a nadie con mis palabras. Nunca he deseado que el éxito de mis pasos fuera directamente proporcional a la cantidad de promesas que puedo hacer por minuto. Así no se le ofrece estabilidad ni al más soñador de los poetas.
Lo dije y lo repito. Tengo un pasado. Un ayer en el que me entretenía escribiendo páginas con el fin de hechizar corazones salvajes.
Y sería bonito. Sería maravilloso que una simple carta tuviera el poder de darte justo lo que anhelas. De calarte tan hondo, de dejarte tan desnudo ante mí, que los secretos, los tropiezos, los incordios… se marcharan volando entre paréntesis.
La realidad, sin embargo, es que escribo por necesidad más que por otra cosa, y cuando lo que sale me gusta me doy con un canto en los dientes.

Pero… ¿Qué hay de las intenciones?
¿A caso no se pretende con el arte (aunque sea casero) conquistar una parte del mundo?
De eso, ya hablaremos otro día.

Foto: Habitación en Roma. La última película de Julio Medem.

jueves, 13 de mayo de 2010

Pecata Minuta.


Hoy ha sido un día difícil. Quizá demasiado intenso para la situación actual. Igual aún sólo puedo permitirme el lujo de tomar un café esporádicamente. Sumergir en mi descafeinado o en la manzanilla todos esos temas que no me apetece tratar pero sobre los que la gente más o menos allegada me pregunta. Entonces, en ese momento, el líquido se vuelve muy caliente y me quema la garganta. Profiero un gesto de estupor, los ojos en blanco, la cabeza muy alta y resto importancia a la ecuación para que x no se vuelva tan turbia.

Hay que mantenerse muy digna, eso te lo sabes de memoria. Pecata minuta, pecata minuta. Hierro fuera y valor al cubo.
No obstante, en ocasiones, no te sale hacerte la dura tan bien como te gustaría. No eres más que una aprendiz del oficio y un ligero titubeo puede delatarte. Eres humana y de vez en cuando las cosas te afectan más de lo deseable. ¿No sueñas con ser actriz? Llegó el estreno. Fuerza una sonrisa o incluso una carcajada y desvía el foco de atención.

Mi vida no se resume a esto, pienso. No sé consolarme a mí misma porque detesto profundamente el autoengaño y el engaño en general.
Voy poniendo velitas para iluminar la salida de emergencia, por si algo sale mal. Todos tenemos la necesidad de escapara alguna vez.

Pienso también en esas ocasiones en que necesité una palabra tuya o un hecho. Algunas veces llegaba. Otras…
En las primeras, era una especie de milagro que estallaba como una tormenta de verano en medio de la repetitiva súplica mental. Y entonces, el abismo se cerraba y las cosas parecían más fáciles.
En las segundas… Podríamos decir que “Teoría de la belleza” no hacía su aparición.

Me trago las ganas sin guarnición. Las ganas de ser yo la que da el paso. Pero es que total, ¿Para qué? Salgo perdiendo de todos modos. No me interesa forzar una reacción. No es lo que busco. No es lo que quiero.

Me pongo al límite de mí misma una vez más y compruebo que soy bastante valiente, después de todo. No se trata de que no halla miedo. La clave reside en aprender a convivir con él de manera que no bloquee mis pasos. Lo contrario sería demasiado fácil. ¿Y dónde está el mérito entonces?

Aún así, claro, hay dudas. Y sé que esta es una contradicción porque el miedo se alimenta precisamente de ellas. Tengo por tanto en mi interior el caldo de cultivo perfecto para que las dudas se multipliquen y aún así…me apuro, me empujo, corro, paro, salto, me agacho; sin saber exactamente lo que es más apropiado en cada instante.
Siempre me muevo. Y me muevo hacia ese punto exacto donde reside la calma de la victoria después de una lucha donde lo has entregado todo.

Mi obsesión por acertar se topa de bruces contra tus fronteras. Impacto mortal.
Nunca se sabe lo que uno puede encontrar en tu trinchera.
La táctica que es perfecta ahora, será un suicidio cinco minutos después.
Suena agotador, ¿Verdad? Y luego está la tierra de nadie. Ese escenario de indiferencia en que uno no acaba de comprender cómo llegar a ti, cómo alcanzarte.
Arrojo mis armas al suelo, y al hacerlo me doy cuenta de que tengo las manos ensangrentadas por la fuerza con la que había estado agarrándolas.
Pero el dolor está en otra parte. O igual es la adrenalina, que me impide percibirlo.
Nada tiene sentido. Incluso el objetivo mismo de la batalla se pierde, se confunde, se vuelve espejismo.

Estoy un poco cansada. He perdido a mi batallón hace ya tiempo. Me siento sola pero no quiero pensar. A veces pensar hace mucho daño.
Y lo sé. No me he movido de la butaca desde la que escribo estas líneas, pero mi respiración está agitada, me falta el aire, como si acabara de hacer un enorme esfuerzo. Un esfuerzo que, pase lo que pase, jamás va a ser reconocido en su justa medida.

Manzanillas, cafés en los que bucear el tiempo justo para dejar la cabeza en blanco.

Ya es muy tarde. Sé que he esperado todo lo que podía esperar hoy. De momento aguardo hasta el final, apurando hasta el último segundo probable. Y claro que, por fortuna, eso no será así eternamente.
¿Qué símil utilizo ahora? ¿El del tren? ¡Bah! Ese ya está muy visto. No obstante, esta noche el tren no ha pasado.

Que nunca se me eche en cara no haber intentado las cosas. Es más de lo que muchos pueden decir. Es más de lo que muchos podéis decir. Afortunadamente, tengo mi propia bandera, mi propia ley y gracias a eso no voy a llorar un mar de lágrimas por volverme con las manos vacías.
Muy por el contrario, me río. Y a quien le guste mi risa, aquí va la belleza: JAJAJAJAJAJAJAJAJA.

martes, 11 de mayo de 2010

La niña bonita.


Soy como esa niña de 15 años que se encerraba en su habitación por las noches conjurando palabras para atraer corazones.
Soy como esa niña que creía que el amor le había dado la espalda, que se le iba a pasar el arroz, que nunca podría llegar a tener su historia de película. Cuanta exageración… ¡Tanto dramatismo!
Al fin y al cabo, con 21, todavía no has aprendido suficiente.

“Y ahora piensas que todo se te va de las manos porque el chico que te gusta no te hace caso y te asomas al espejo preguntándote lo que falla, lo que no tienes (¿Será el pecho, será el culo?), buscando una explicación a tanta indiferencia, a tan poco acierto.”

Pasa el tiempo. Me acuerdo de todo lo que ha llovido sobre esas páginas que escribía por las noches, encerrada en mi habitación tratando de hechizar corazones salvajes.
Son páginas de olvido. Páginas que ya no dicen nada. Y sigue asombrándome y asustándome tanto como el primer día que aquello que atrás significó tanto, pueda ahora llegar a decir tan poco.
Sólo una risa, un suspiro al aire: “Ay que ver lo tonta que era.”
Y lo tonta que sigues siendo, querida.

Perdona, niña estúpida, pero no es cuestión de la altura, del cuerpo, de la cara, de lo buena o mala que seas en la cama.
Te da rabia y de rabia lloras, no de pena.
El odio te ahoga. La misma exageración y aún un poco más de dramatismo.

Claro que pienso en el pasado. Rememoro cada momento dulce y ahora me sabe a hiel.
Rememoro cada fallo que fue acumulándose hasta generar el más negativo de los resultados y hiel me besa de nuevo (menudo beso), al pensar que todo podía haberse hecho de otro modo.
SE PUEDE SUMAR.
Alcanzar el infinito contigo me hace ilusión. Romper el techo y salir volando con nuestras historias de locuras imposibles.

“Agarra mi mano- te digo- , agárrala y no mires abajo. Mírame mejor a los ojos y dime si no hemos llegado ya a la cima del mundo.”

Sé que aún me queda sufrimiento y anhelo. Sé que aún me queda lucha y paciencia. Sé que cuando te haces añicos cuesta mucho repararte. Pero yo tampoco puedo dejar de rezar.

No me hagas pensar que sigo estancada en esos 15 años de encierros nocturnos en mi dormitorio, para escribirle versos a los besos que aún no había probado.
Ahora escribo por algo y para alguien.
Escribo para hacer magia. Mi truco maestro…

domingo, 25 de abril de 2010

Alegoría.


Cuando era pequeña tenía un sueño que se repetía, no todas las noches ni mucho menos, pero sí con la suficiente frecuencia como para no pasar desapercibido.
Era yo. Yo en una habitación no muy grande, con paredes y puertas azules.
No había muebles, sólo ese tono azulado que dominaba la sala y las puertas, a modo de cebo.
Tampoco era de esa clase de sueños que te hacen encender la luz al despertar para comprobar que todo está en su lugar y que no ocurre nada malo, pero eso sí, en el tiempo en que duraba parecía como si el conjunto de músculos, órganos y sentidos del cuerpo se pusiera en tensión para afrontar una situación decisiva.
Esa situación no era otra que la de escoger la puerta adecuada.
Externamente todas se me antojaban iguales. Las mismas proporciones, exactamente la misma capa de pintura cubriendo la hoja, el mismo pomo redondeado y plateado... Pero sin necesidad de la ayuda de un buen apuntador sabía que sólo una de esas puertas me conduciría al rincón donde me esperaban. Una era la válida. Tenía que acudir a ese sitio al que me unía una especie de misión desconocida, atender esa llamada lejana...y antes de alcanzarlo, me despertaba.
Nunca pude saber por tanto si mi decisión había sido buena, y eso que siempre me decantaba por el acceso del medio. Diplomacia. Neutralidad.

Hacía mucho que no reparaba en esto. Pero ayer algo me hizo recordarlo.
¿Y si ahora, transcurridos más de diez años, pudiera descubrir lo que me deparaba mi elección?
¿Y si en algún momento de mi vida me topase con una habitación de paredes y puertas azules?
¿Y si eso me hiciera viajar al mundo donde viven las intenciones, las ideas sin dobleces, la esencia de lo que realmente somos antes de que nuestra pureza se contamine?
Tal vez durante mucho tiempo, sin siquiera darnos cuenta, tenemos a nuestro alcance la llave que nos conduce al molde a partir del cual se crea lo que nuestros sentidos son capaces de percibir...y aún más.
Lo auténtico, de lo que el alma hablaría si tuviera voz.
Las batallas, que el alma contaría si tuviera nietos.
Los recuerdos, que el alma deshojaría si se llevase bien con Memoria.
Nuestro eterno principio, más allá de la mera superviviencia, de la simple evolución.

Todo esto por ayer. Por una historia que me lleva a recalar en lo platónico, en la verdadera belleza de las cosas que en ocasiones es negada por la tozudez de una dimensión superficial demasiado densa, como niebla en el tupido bosque. Y sabemos, tú y yo sabemos que al fin y al cabo ésto va de BELLEZA. En mayúsculas.
Llámame Leona... Llámame Alicia.
¿Quién no quiere un País de las Maravillas donde poder devolver la inocencia perdida?
¿Quién no ha querido combatir alguna vez en nombre de los ideales? Repito: No de "unos" sino de "los" ideales.
Es extraordinario, ¿No crees? El guía que nos ayuda a despertar de la confusión y camina junto a nosotros los primeros y más decisivos pasos. El loco que dice aquellas verdades que nadie más se atreve a decir, que se enamora siempre como la primera vez porque no existe ayer y sólo ve peligro en el abandono de la causa. La duda, la contingencia necesaria. La bondad. La sabiduría. La prudencia. El lugar donde somos eternos y por eso los relojes enloquecen sin remedio.
Bienvenido a mi país.

martes, 30 de marzo de 2010

Cambio de look.


Hola a todos. Esta entrada es una simple presentación sobre lo que pretendo que sea este blog a partir de ahora.
"algodjazz" se creó hace poco más de un año con el objetivo de establecer un paréntesis intimista en mitad de un mundo muy despersonalizado. Por ello le di el título de " A solas" y escogí como ilustración una pintura de Renoir que muestra a una jóven perdida en medio de una calle llena de ruido y gente. El mensaje era: "No se puede hallar la paz evitando la vida". Una frase que escuché en la película de "Las Horas" y que desde ese momento pasó a condensar perfectamente un sentimiento que me invade muchísimas veces. La ganas de apartarse de todo, de tomarse unas vacaciones de lo que nos rodea e incluso de nosotros mismos, meternos en una burbuja y no salir de ella en una buena temporada... pienso que es común a todos los mortales de la misma manera que lo es el hecho de que el actuar así nos aleja un poco más de la felicidad. Y felicidad es paz, calma, sosiego...al fin y al cabo.
Todo esto ha estado bien para guiar el camino de doce intensos meses. Sin embargo, a partir de hoy me interesa dejar de abrumaros con tantas confidencias e intimidades, con tantos sentimientos y emociones encontradas.
Por eso el título pasa a ser "Teoría de la belleza". Quiero hablar de belleza, quiero hablar de vida, de ganas, de pasiones, de fuerza vital. Quiero dejar de lamentarme y mostrar el verdadero motor que se encuentra detrás de todo. Quiero belleza sin melancolía. Quiero belleza perpetua y la simbolizo con mi fotografía favorita: "Les enfants de la Place Herbert" de Robert Doisneau y con el énfasis de saber que la vida no es otra cosa que un espectáculo, señores. LIFE IS A CABARET. Por eso hay que disfrutarla.
Con esta mezcla de inocencia y picardía, inicio pues la siguiente etapa y también con el propósito de actualizar más frecuentemente. Tal vez no sean textos tan largos. Simplemente frases al azar o imágenes curiosas, pero así mejor, porque tampoco os aburriré tanto como antes.
Un saludo a los que os pasáis por aquí. Me consta que sois un público muy reducido y sólo por eso os merecéis que se os mime un poco más.
Gracias como siempre por leerme.