lunes, 29 de marzo de 2010

Un sorbo.


"Apoyas los labios en el borde de la taza. Da lo mismo que contenga café, té o alguna infusión.
Siempre la acercas despacio hasta la boca.
Siempre me miras antes del primer sorbo.
Siempre recordándome que esta certeza nuestra habita, como tus labios, como tus ojos, en el borde de todo.
Sin decidirse a caer fuera o resbalarse dentro, y para siempre."

Beatriz Betsabeacut Pérez Pérez, para Pompas de papel (www.pompasdepapel.com)

Gestión de residuos.


Primero fueron los muebles, incluida la cama.
Después, los cuadros.
Me deshice de todo para hacerle sitio a los recuerdos, que en mi habitación se multiplicaban más que el polvo y se me subían por las paredes como enredaderas caprichosas que todo lo tupen.
Lo peor, pensé cuando ya a penas quedaba un diminuto rincón para mí, es que muchos de ellos no podían guardarse en cajas y el desván los perjudicaba porque no los conservaba con frescura, ni siquiera a esos de segunda mano que nos fueron prestados por algún individuo para el que sólo existe el presente.
Los recuerdos siempre moran a sus anchas.
Sin darme cuenta había dado lugar a un reino de imágenes de ayer, de añoranzas y reproches, de escombros. Cada vez me sentía más oprimida y mis fuerzas para afrontar las nuevas promesas no tenían con qué alimentarse.
Semanas después, cuando mi vecino alertado por el mal olor y el aspecto de dejadez que se intuía en mi casa, avisó a la policía, pasé a ser encasillada como esa pobre loca que sufría el síndrome de diógenes. Acordonaron la vivienda y me sacaron de allí, dejándome sin nada.
¿Qué podía hacer ahora que había perdido el hogar donde residían mis raíces?
...
Para mi sorpresa bastó con desprenderme de todos aquellos lastres y así pude empezar una vida "real" en la que disfrutar con lo que soy y no con lo que algún día fui. Y es que, los fantasmas no te dejan avanzar. Los fantasmas te devoran la esperanza y la determinación.
Ahora, tengo una mansión de lujo.

viernes, 15 de enero de 2010

Tengo que levantarme a escribir.


Un minuto de silencio por ellos. Pasaron a ser recuerdo y se convirtieron en cadáveres. Pasaron por mi vida y con cada uno se murió una parte de lo que era para ver nacer a la siguiente.
Ellos son ya una procesión fantasmal, pero solo Dios sabe que en su día estuvieron más vivos que nunca en mí: en la mejilla encendida, en el labio tembloroso, en la mano sudorosa, en la mirada brillante…

JF fue el engaño. O mejor dicho, el desengaño. El más claro ejemplo de cómo detrás de un todo siempre te espera el abismo de la nada, sin mediar explicación.
JA fue la efervescencia del verano plasmada en un cuaderno deshilachado. Las coquillas que cesan en cuanto dejan de hacértelas. Ni menos ni más.
A me enseño la gentileza. Me llevo de su mano de galán de los 50 por los buenos modos, por la exquisitez en las formas y el lujo de los detalles. Que a veces, lo mejor del plato es la presentación.
DR me ayudó a descubrir que el primer paso para fijarse en alguien es saber que ese alguien se ha fijado en ti. Y a partir de ahí la ilusión se alimenta sola. El ensueño y la timidez.
LTM fueron la esencia de la adolescencia. Lo primero propiamente destacable. Figuras en sombra perdidas en aquellos vestuarios. Miradas que se buscan y se apartan al encontrarse. Tropiezos en los pasillos no nacidos de la torpeza.
JC un placer solo para adultos. Algo inalcanzable. Interesante. Diferente. Un viaje hacia lo atractivo de la inteligencia, hacia lo morboso de la experiencia. Un desafío a lo imposible.
J el primer amor. Los nervios. La impaciencia. El deseo. Apostarlo todo a una sola carta en un juego tan ciego que no importaba perder. La poesía. Unas manos. El poder de su voz. El imán que ejerce el peligro.
S un viaje desesperado al pasado para atar cabos, para resolver asuntos pendientes que pendientes quedaron y quedarán. Lo mucho que promete una persona cuando la pintas en tus sueños. Lo poco que encuentras luego con las gafas de cerca.

…y M, aunque no se un fantasma, ya me ha cambiado también.

Me pregunto a cuantos de estos espíritus habré conocido realmente o si sus nombres eran los que puse aquí. En mi mente, algún día, existieron todos.

Tan bien.

Yo también lo se. Yo también lo he vivido.
Se lo que es correr al encuentro de alguien a quien hace años que no ves, con la intención de abrazarle con todo tu cuerpo, y encontrar al otro lado un muro de piedra. Un estandarte de frialdad y olvido. Un montón de hojas secas a las que ni el tiempo perdonó.
Se lo que es no sentir correspondida una emoción que palpita en ti con tal fuerza que todo tu mundo se agita en torno a un solo nombre que casi nunca tiene oídos para el tuyo.
Se lo que es querer y no poder y ante todo lo mucho que cuesta transmitírselo a la gente con la que crees tener una deuda perpetua, para que lo entiendan.
Se lo mucho que hay que escoger las palabras para que digan justo lo que quieres decir y que por eso muchas veces es preferible quedarse callado.
Se que a veces el respeto se pierde con un silencio antes que con un grito.
Se muchas cosas que no me sirven para nada porque cuando se repiten vuelven a dolerme igual. Por eso, tan bien se, sin lugar a dudas, que aún no he aprendido a vivir de manera inteligente. O eficaz.

lunes, 24 de agosto de 2009

Países.


“Me sentía muy torpe. No sabía cómo llegar a él, dónde encontrarlo. Es tan misterioso el país de las lágrimas…”
Podría decirse que las lágrimas son un arte si se considera que por muchas normas que haya escritas sobre ellas, ninguna es 100% aplicable.
Cuando vemos llorar a alguien, más allá del sufrimiento empático que esa contemplación nos provoca, tenemos acceso a un universo inmenso que se oculta en el interior de esa persona.
Las lágrimas son una llave hacia la forma de sentir de un individuo. Lo que le conmueve, lo que le hace estremecerse hasta el punto de mostrar al exterior su cara más frágil y vulnerable.
Llorar en público resulta muchas veces difícil por eso. Al fin y al cabo, todos tenemos una coraza y cuesta prescindir de ella porque eso supone contactar de la forma más directa con una realidad que nos apunta con el dedo directo a los ojos, o al corazón (el principio de todo).
Pero aprender a llorar es necesario, aunque a veces resulte injustificable, en verdad detrás de cada lágrima siempre hay un buen motivo.

Durante estas últimas semanas tus brazos se han convertido en un hogar muy confortable para mí. En ellos puedo prescindir de mi máscara y conectar con todas esas emociones que palpitan en mí con fuerza, aprisionadas por un millón de excusas que las retienen vilmente.
Creo que esta tarde, tumbada a tu lado, ha sido una de las poquísimas veces en que he experimentado la libertad y me he sentido en armonía con todo lo que me rodeaba en ese momento: el tacto de las sábanas, la intensidad de la luz, el calor de tu cuerpo, el murmullo que se colaba por la ventana entreabierta…
Ha sido un instante muy especial para mí. Imagino que por eso no quería moverme.
“El agua también puede ser buena para el corazón”.

… Después, me puse a recordar todas las cosas que han ocurrido en los pasados dos años, que me hicieron renunciar a la belleza de la vida y negarme a mí misma. Del rechazo que me dominaba entonces, la indiferencia, la apatía y la dejadez que me llevó a la autodestrucción.
Entré, pues, en el universo de los propios problemas, tan relativo y subjetivo como el de las lágrimas.
Sé que has pasado por momentos realmente duros y lamento no haber estado a tu lado para transmitirte entonces la calma que dices que te doy ahora.
Resulta paradójico comprobar que las personas suelen reaccionar con mayor fortaleza cuanto más grave es el inconveniente al que se enfrentan, y en cambio, parecemos tener una inclinación especial por desmoronarnos ante dificultades mucho menos trascendentes. Pero es que medir la importancia de un problema es tan complicado…
Puede que la gota que haga colmarse el vaso sea la menos densa de todas y aún así lo que realmente cuenta es el efecto que produce.
Eres muy valiente. Es algo que pienso todos los días. En eso y en lo mucho que me alegro de que te hayas dado una oportunidad a ti mismo. Lo que quizá no sepas es que, en consecuencia, nos la has concedido también a todos los que estamos cerca de ti. Para mí contigo todo es maravilloso.
Tú eres esa partícula cuya ínfima variación enseguida noto.
“Nada del universo puede ser igual si en alguna parte, no se sabe dónde, un cordero que no conocemos se ha comido, o no, una rosa…”

Hay tantas preguntas que podríamos pronunciar sin mover los labios, como respuestas se traga el aire. Pero el silencio es hermoso cuando empiezas a leer el cuerpo de la otra persona como si fuera un libro abierto, encontrando en él pistas para solventar todas las dudas que la mente pueda albergar.
“Nunca respondía a las preguntas. Pero cuando uno enrojece, significa <>, ¿No es cierto?”.
Desde ese momento, los únicos secretos que existen son aquellos que uno prefiere ignorar en pro de preservar el misterio.

Acariciar a alguien es lo más parecido a mirar una bola de cristal, siempre y cuando te hayas esforzado por conocer de verdad a esa persona. No hace falta ser adivino, sólo es cuestión de voluntad…y búsqueda.
“Me pregunto si las estrellas no estarán iluminadas para que cada uno pueda un día encontrar la suya”.
Al parecer, yo ya he encontrado la mía.




domingo, 14 de junio de 2009

Enséñame tus manos


Sus manos estaban en tensión. Aquella postura encerraba una declaración de intenciones. Las palmas replegadas sobre sí mismas con fuerza, eran hojas en blanco surcadas por cicatrices, no de palabras, sino de recuerdos. Recuerdos que ya no tiñen, pero tampoco desaparecen.
Las observaba con el mismo detenimiento con el que analizaba las manos de otros, su movimiento, su cadencia, su lenguaje intrínseco, las pistas que ofrecen, la magia que esconden y que pueden materializar. Pero había una diferencia clave a pesar de todo. Ella sabía el por qué de lo que veía, sabía lo que había vivido y el modo en que había hecho mella en sus emociones.
Eso siempre le había llamado mucho la atención. La distinta forma en que dos personas pueden reaccionar ante situaciones externas completamente idénticas. El modo en que nos afecta la igualdad. El modo en que nos marca la diferencia.
Y ahora, ¿Qué secreto o secretos ocultaban? ¿Por qué los puños estaban apretados sin dejar a los dedos que surcaran libres el aire, el espacio en constante movimiento?
Quizá era sólo por retener algo que le había costado mucho conseguir. Por miedo a perderlo, por temor a que si dejaba una sola ranura hueca, todo aquello se esfumara. Qué complicado se torna todo tarde o temprano. Unos puños que luchan contra lo inevitable. Una historia que camina de espaldas.
Se pregunta.
¿Es correcto luchar contra el devenir natural de los hechos?
¿Es útil hacer fuerza eternamente para evitar que algo, que debería mantenerse y alimentarse por sí mismo, se desvanezca?
Me pregunto.
¿Entiendes algo de lo que digo?

domingo, 7 de junio de 2009

Fuego camina conmigo.


Le dije: "Monta, que te llevo al sol"

Me djo: "Que tontería... ¡Arderás!"

Le dije que no pensaba ir de día y se ría. "Ya verás, - le decía - si te fías de este guía. Dicen que cuando llegas hay un flash". Y me creía, me daba alas, parábamos a dar caladas en coordenadas desordenadas. Sentados en el Meridiano de Greenwich dejábamos colgar las piernas, sabiendo que la búsqueda era eterna y que hay muchas paradas a lo largo del camino, y que lo importante no es llegar sino... sino el camino en sí. Miramos a atrás y supimos que nadie volvería a vernos más.


Javier Ibarra (Kase.O)